lunes, 13 de febrero de 2017

¡Sólo Jesús!

Podemos fácilmente imaginarnos la tremenda admiración con que los apóstoles contemplaron la gloriosa escena de la transfiguración del Señor, en la cual tomaron parte líderes nacionales y varones de Dios tan renombrados como Moisés y Elías.

"Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo"  (Mateo 17:8)

Quizá Jesús hubiera quedado en la mente y corazón de los tres privilegiados apóstoles en segundo término, ya que su presencia les era tan familiar, de no haber escuchado aquella voz del Cielo: "Este es mi Hijo amado, en quién tengo contentamiento", que les iba caer sobre sus rostros adorándole.

Nosotros tenemos más motivos que ellos para hacerlo en nuestros corazones, pues le conocemos no tan sólo como el hijo del Eterno, sino como nuestro Abogado con el Padre, Sumo Sacerdote, Profeta supremo, Señor de la gloria, Nuestro Buen Pastor, Guardián de nuestras almas, el Santo de Dios, el Príncipe de la Vida, la verdadera Luz, la Estrella polar de su pueblo escogido.

El Cordero de Dios, nuestra Redención, la Piedra Angular, nuestra Sabiduría, Justicia y Santificación, porque es el Santificador.

Querida Amiga, consideremos a Jesús a la luz de todos estos nombres y nos veremos del todo privilegiadas, si solamente le miramos a Él.


 



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